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teoricemos #4: los mulligans

Hacer o no hacer mulligan puede ser una de las decisiones más difíciles e importantes en una partida.

Hacer mulligan significa devolver la mano inicial al mazo antes de empezar la partida, barajar y robar una nueva mano con una carta menos. Hay gente que utiliza normas caseras que permiten hacer uno o más mulligans "gratuitos", pero jamás veremos algo así en un torneo. Si jugamos por diversión y los mulligans amistosos hacen que la pases mejor, adelante con ellos. Ahora bien, si aspiras a competir en torneos, recomiendo que utilices la regla de mulligan oficial aunque solo estés practicando. Al fin y al cabo, los mulligans son una parte importante del juego.

Un mazo puede tener varios millones de manos iniciales diferentes y los primeros robos de cartas ofrecen una cantidad abrumadora de posibilidades. Simplemente, es imposible imaginar todas las manos de siete cartas que podríamos conseguir haciendo mulligan o las secuencias de cartas que podríamos robar si nos quedamos una mano. Si también tenemos en cuenta que todo jugador utilizará numerosos mazos en formatos diferentes y contra multitud de oponentes, podemos afirmar que jamás vamos a enfrentarnos dos veces a la misma decisión de hacer mulligan o no.

En otras palabras, los mulligans no son una ciencia exacta. Alguien podría aconsejarnos que hagamos mulligan al ver nuestra mano, pero en circunstancias normales le sería imposible demostrar por qué nos conviene. Lo mejor es confiar en nuestro instinto y seguir una pequeña serie de pautas que nos ayudarán a tomar estas decisiones.

La estrategia básica de Mulligan

Voy a afirmar algo que les parecerá obvio, pero es un aspecto absolutamente imprescindible para cualquier estrategia de mulligan.

Empezar una partida con menos cartas es perjudicial.

Hacer mulligan no es una simple molestia o un pequeño inconveniente: es una desventaja considerable. Uno de nuestros objetivos al jugar es conseguir ventaja de cartas, y hacer mulligan es como regalársela al oponente.

No es imposible ganar una partida por empezar a jugar con siete cartas, aunque es bastante menos probable que cuando se empieza con ocho. Pero claro, la cuestión es que resulta aún menos probable ganar si nos quedamos una mano inicial mala.

Por tanto, no hay que tener miedo de hacer mulligan. Cuando no estemos contentos con nuestra mano inicial, debemos pensar que estamos ante dos malas opciones. Solo tenemos que mantener la cabeza fría y elegir la que creamos que nos dará más probabilidades de vencer.

Decidir si hacer mulligan es desafiante y depende mucho de nuestro instinto y de las complicaciones de cada enfrentamiento. Por eso es importante contar con una estrategia básica, por si aún no tienes suficiente experiencia (ya sea en general o con un mazo específico) como para tomar la mejor decisión. Mi recomendación es que utilices la estrategia "Entre dos y cuatro oros", que funciona exactamente como su nombre indica.

Quédate con la mano si contiene entre dos y cuatro oros. Hace mulligan si contiene ningún oro o cinco o más oros.

Para el caso de tener un oro en mano, depende de otros factores. Éstos factores se verán influenciados por el tipo de mazo que ocupemos, la posibilidad de tener motores de robo en la mano inicial, buscadores de oros y rampeo. No siempre es bueno jugar a la suerte o jugar al rampeo sin anulación en mano, ya que nuestro juego se verá totalmente afectado de no poder bajar el siguiente oro en los turnos iniciales.

Los mulligans en Formato Sellado

En comparación con formatos construidos, las partidas de Sellado son más reñidas, se prolongan más y se deciden por ventajas más pequeñas. Esas son precisamente las circunstancias que hacen que los mulligans duelan más. Por tanto, en Sellado conviene hacer menos mulligans de los habituales.

Hay dos preguntas que debemos plantearnos al ver la mano inicial: "¿Tengo suficientes oros?" y "¿Tengo algo que se pueda jugar en los primeros tres turnos?".

Si nuestro mazo es muy rápido, necesitamos estar un poco más dispuestos a hacer mulligan. Con ese tipo de barajas, es fundamental tener un aliado de coste bajo en la mano inicial para tomar la delantera al principio de la partida. En cambio, si el mazo del oponente es muy rápido, debemos valorar la posibilidad de reemplazar una mano lenta para no quedarnos atrás. Aun así, en Sellado probablemente sea mejor no sustituir una mano sólida que tenga tres oros y varias cartas jugables, sean cuales sean las circunstancias.

Los mulligans en Formatos Construídos

En Construido es mejor no ceñirse tanto a la estrategia "Entre dos y cuatro oros", ya que las partidas son más rápidas, los mazos son más eficaces y los oponentes pueden castigarnos duramente por quedarnos una mano inicial que no sea óptima. Además, nuestras decisiones dependerán mucho del tipo de mazo con el que juguemos y contra el que nos enfrentemos.

Mazos Aggro

Al igual que en Sellado, la presencia de un mazo rápido en una partida hará que ambos jugadores estén más dispuestos a hacer mulligan. Por ejemplo, si utilizamos un mazo Bárbaro de aliados con bajo coste y nuestro objetivo es infligir cuanto antes el máximo daño posible, nuestras probabilidades de ganar caerán en picado si no podemos jugar un aliado en los dos primeros turnos. En ese caso, una mano inicial con cuatro oros y tres talismanes de control no nos beneficiaría y casi siempre optaremos por reemplazarla.

Ejemplo de mala mano inicial en mazos aggro

Mazos Control

Los mazos control funcionan de forma opuesta. Como no pretenden hacer jugadas devastadoras al principio de la partida, sus manos iniciales no necesitan muchas cosas en concreto. Además, puesto que su estrategia se basa en la ventaja de cartas, comenzar con una menos supone un gran inconveniente. Los jugadores de control deberían tratar de hacer mulligan con una frecuencia relativamente baja, excepto cuando no tengan oros suficientes o cuando se enfrenten a mazos rápidos y necesiten desesperadamente algo para defenderse.

Ejemplo de mala mano inicial en mazos control

Mazos Midrange

Los mazos midrange se parecen más a los de control que a los aggro en lo que respecta a los mulligans. Una diferencia importante es que los mazos midrange probablemente tengan algunas cartas fantásticas para ciertos enfrentamientos y otras que les servirán de poco (por ejemplo, Druk es genial contra mazos control, pero mala contra mazos aggro, mientras que Virgilio es todo lo contrario). Si no sabemos qué mazo utiliza el oponente, es mejor evitar los mulligans, pero si sabemos a qué nos enfrentamos, tendremos un poco de flexibilidad para tratar de conseguir las cartas que más nos convengan. Por ejemplo, una mano con tres talismanes de anulación sería horrible contra un mazo de control con pocas aliados y no dudaríamos en hacer mulligan.

Mazos Combo

Recordemos que los mazos combo son los más extremos de todos y se basan en un plan de juego muy específico. Estos mazos suelen depender mucho de una única carta o de una combinación específica y pueden ser muy veloces y eficaces. Los mazos combo hacen que la estrategia "Entre dos y cuatro oros" sea completamente inútil, tanto cuando juguemos un mazo así como cuando nos enfrentemos a uno. Usemos como ejemplo el Caballero Combo.

El mazo Caballero Combo no funciona como un mazo normal en Mitos y Leyendas. En vez de enzarzarse en una lucha justa, lo que pretende es ganar muy rápido y evitar la mayoría de las medidas defensivas de sus oponentes. Su estrategia es plantar a Arthur Pendragón en el campo junto a muchos aliados en los primeros turnos, abusar de Grotekop y jugar Hidromancia.

El mazo Caballero Combo es excelente siguiendo ese plan de juego, pero no puede hacer prácticamente nada más o se le dificulta mucho un transcurso normal de una partida. Si una mano inicial no puede llevar a cabo el plan del mazo, habría que reemplazarla.

Ejemplo de mala mano con mazo Caballero Combo

Cartas Clave

Existen mazos y enfrentamientos en los que una carta específica cobra una relevancia fuera de lo común. Hemos visto el caso de Karma o alguna anulación de aliados contra mazos Caballero Combo, pero hay ejemplos todavía mejores, como el de Beelzebub ahora que Rota Fortunae no está en el formato o de Simargl en los mazos Bestia.

Cuando nuestro mazo cuente con una carta que tenga una importancia extraordinaria para ganar la partida, eso también debe influir en nuestras decisiones. Si nos enfrentamos al Caballero Combo y nuestra mano inicial no tiene anulaciones o respuesta para enfrentarlo en los primeros turnos, no debemos tener reparo en hacer mulligan, porque cualquier mano de siete cartas con alguna anulación probablemente será mejor. Es más, incluso deberíamos plantearnos correr riesgos con una mano que solo tenga un oro y cuente con dos Karma porque es una carta increíble para un enfrentamiento así.

Mulligan con el Mazo Soporte

Luego de la primera partida en una ronda, llega el momento de usar nuestro Mazo Soporte. Aquí depende mucho de nuestro desempeño contra el mazo del adversario y si tiene cartas que nos compliquen. Si por ejemplo estamos utilizando un Mazo Aggro y estamos enfrentando a un Tótem, tendremos varias cartas iniciales como perdidas en este enfrentamiento. Tales son los casos de Karma, Talismanes Removal entre otras cartas. Ahora suponiendo que el enfrentamiento de un bestia aggro contra tótem, depende mucho del juego de tótem y si logra o no controlar al bestia, el banquillo del bestia debería estar preparado contra tótem. Para el caso de la mano inicial en el segundo duelo, las cartas clave son las que entraron desde el Mazo Soporte, ayudando el desempeño del bestia contra el Tótem, así logrando una ventaja.

Los mulligans a menos de seis cartas

La desventaja de perder cartas aumentará exponencialmente cuanto más disminuya nuestra mano inicial. Hacer más de un mulligan por partida puede salirnos muy caro y debemos evitarlo siempre que podamos.

Después de hacer un mulligan o más, nos quedaremos cualquier mano inicial que tenga una mínima probabilidad de victoria.

Por ejemplo, en Sellado podríamos quedarnos una mano con seis oros. La probabilidad de que nuestros primeros cinco robos sean útiles es mayor que la de hacer un mulligan a cinco que nos dé una mano perfecta (robar tres oros y dos cartas de coste relativamente bajo es muy poco probable).

Por supuesto, si en nuestra mano de seis cartas no hay ningún oro o no vemos ninguna forma de salir adelante, tendremos que hacer mulligan a cinco. Ahora bien, empezar a jugar con menos de cinco cartas es casi como tirar la partida por la borda, así que debemos estar dispuestos a quedarnos casi cualquier mano de cinco cartas que tenga una o más oros.

A medida que nuestra cantidad de cartas disminuya, tendremos que bajar nuestros estándares. Esto también es un riesgo a tener en cuenta cuando pensemos si nos conviene reemplazar nuestra mano de ocho cartas. ¿Y si nuestra mano de siete es mala y tenemos que irnos a cinco o incluso menos cartas?

Las situaciones de mulligan difíciles no tienen respuestas fáciles. Existe una gran cantidad de factores que pueden influir en nuestras elecciones e innumerables desenlaces para cualquier decisión que tomemos.

A pesar de este contexto tan complejo, toda decisión de hacer mulligan o no hacerlo se reduce a la misma cuestión: ¿nuestra probabilidad de ganar será mayor si hacemos mulligan o si nos quedamos la mano? A veces nos frustraremos por haber hecho demasiados mulligans y otras tendremos miedo de hacer el ridículo si perdemos por quedarnos una mano arriesgada. Debemos ignorar esas sensaciones y no dejar que influyan en nuestro criterio. Al igual que en todos los aspectos en los juegos de cartas, lo mejor es conservar la calma y pensar con cabeza si nos conviene hacer mulligan o no.

Y tú ¿eres de los que hacen mulligan o confía en el corazón de las cartas?

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